Guest posting: “Disertaciones sobre el amor” por Gonzalo Alfonsin

arton5834Mi tío -el que se volvió loco- decía que en la vida uno quiere a muchas personas, se enamora de unas cuantas, y ama solamente a una. La diferencia entre enamorarse y amar es sutil pero notable: el enamoramiento dura unos meses, o un par de años a lo sumo; luego se transforma en otra cosa (cariño, compañía, costumbre, tedio); en cambio cuando uno ama de verdad, hay un sentimiento de unión y de cofradía que subyace cada momento, cada cosa,  aunque no siempre vea estrellitas de colores.

¿Y cuál es la diferencia entre “querer “ y “amar”? Ambos son verbos, pero uno es más posesivo que el otro. “Querer” viene de “quiero”: Quiero esto, quiero lo otro, quiero quererte, quiero que me quieras… Quiero, quiero, quiero. Quiero para MI, YO quiero. En cambio el amor… El amor es un sentimiento universal. Es cierto que cada quien ama a su modo, como puede, como le sale; y deja que lo amen (deja entrar al otro) como puede también, hasta donde le sale. Pero el amor no es deseo; el amor es un sentimiento altruista de amor al mundo todo que se manifiesta o canaliza en una persona, en este caso la pareja o compañero/a. Pero el amor de pareja es muy parecido al amor de un gran amigo, al amor de un familiar, al amor por Dios.

Yo no creo en eso de la media naranja, de que existe una y sólo una persona con quien encajo “perfectamente” (no creo en eso de encajar ni tampoco en la perfección), ESA persona que ha sido hecha para mi (hechos el uno-para-el-otro), con la que estoy predestinado por los dioses; aquélla persona con quien el amor se sublima y se torna inquebrantable. No. Yo creo en cambio que hay muchas personas a las que puedo llegar a amar, con las que puedo lograr abrirme completamente, entregarme, confiar hasta el punto de poder contarle todo. Porque el amor es sobre todo confianza. Es también comunicación, y comunión (de los cuerpos y de los espíritus).

Por supuesto que el sexo es sólo una de las manifestaciones o expresiones del amor: la unión de los cuerpos en pasión y placer. Pero se puede tener sexo sin hacer el amor, cuando sólo hay el goce físico, desligado de lo espiritual, y también se puede hacer el amor sin tener sexo: en una danza, en un masaje, en un abrazo, incluso en una mirada, en una intención. El amor trasciende lo físico, el amor es el espíritu del Bien. ¿Y qué es el Bien? El sentimiento de alegría con el mundo, con todas las cosas, incluso con la muerte.

El amor verdadero no es posesivo. Alejandro Jodorosky dice algo muy interesante sobre la pareja en su libro “Cabaret místico”. Algo así como que el amor verdadero no es la búsqueda de una unidad, de una uniformidad, un núcleo capcioso y hermético; eso termina siempre en asfixia. Para que haya amor es necesario respetar la individualidad, que cada quien tenga sus espacios. Yo por ejemplo apoyo la moción de cada quien tenga su pieza, su habitación, su camita. A veces dormimos en la mía, otras veces en la tuya, y otras cada quien en  su cama… ¿Por qué no?

Los celos no forman parte del amor. Los celos son posesivos, son miedo, inseguridad. Si yo estoy tranquilo y con certeza de que nuestro amor es fuerte y verdadero, entonces no tengo razones para temer nada, no tengo razones para estar celoso de nada ni nadie. Y otra cosa, el amor es aquí y ahora, ¿qué es eso de jurarse amor para toda la vida? ¿Quién puede asegurar que va a amar a alguien durante veinte años? ¡Es una falacia! Yo te amo hoy, ojalá mañana también; pero si no, pues lo tengo que aceptar, y a otra cosa mariposa, a otro grano gusano. Y también es cierto esa cosa trillada de que para amar a otro, hay que amarse primero a uno mismo. Si uno no se ama a sí mismo, pues aparecerán los celos, los miedos, las patrañas mentales y emocionales.

Hay infinidad de parejas que siguen juntas por ósmosis, por inercia, por miedo en definitiva: miedo a dejar lo conocido, la estabilidad emocional. ¿Pero qué es eso? El amor no es estable; el amor, como todo lo que está vivo, es cambio constante, es movimiento.

¿Puede haber amor sin pasión? Pues supongo que si. El amor es distinto para cada quien. Yo no puedo hablar por todo el mundo, apenas puedo hablar por mí mismo. Pero hay personas que son poco pasionales, que ni siquiera lloran cuando se les muere un hijo (la procesión va por dentro). Y quizás esas personas amen profundamente, pero sin demostrarlo por fuera, sin exabruptos emocionales.

A mi me gusta esa palabra que se usa mucho ahora para hablar de la pareja: mi compañero/a. Es lindo. Compañero. Como si fuéramos militantes. Compartimos la causa, la causa de estar juntos, no como un átomo fusionado y hermético, sino como un dúo dinámico. Sí, como Batman y Robin, ¿por qué no? El amor es también admiración, como la que siente Robin por Batman (no sabemos si es recíproca). Pero no se trata de una admiración ciega, caprichosa, pues si algo no nos gusta lo diremos. Es vital la sinceridad, la honestidad, y respetar nuestras diferencias. No pretender que el otro sea amigo de mis amigos; si es así buenísimo, pero si no, pues mala suerte. No pretender nada de nada en realidad, no dar nada por sentado ni por sentido. Conversar mucho, eso sí. Pero ojo con cometer sincericidios (suicidios de sinceridad); hay cosas que no es necesario decir. Aunque si me preguntan, pues bueno, he de responder. 

Gonza Tambor

Del libro “Cabaret místico”, de Alejandro Jodorowsky

Fragmentos del capítulo 13 (Anatomía de la pareja)

La relación amorosa no tiene por finalidad una visión común, sino una “creación común”.

Una pareja armoniosa es un dúo que comparte sus diferencias y en el que ninguno de los dos es tan hipócrita como para desempeñar un papel según el cual es semejante al otro en todos los aspectos.

Cuando una relación va mal, ha llegado el momento de mejorarla, de verse uno a otro sin máscaras, de reconocer la voluntad de uno y la voluntad del otro, y ponerse de acuerdo. Si en la pareja una de las partes se sacrifica, no es una pareja de verdad.

Respetaremos siempre lo que somos, sin sentirnos culpables, sin permitir que nadie intente imponernos conductas o ideales que no sean los nuestros. Tendremos derecho a expresar nuestra propia visión del mundo, aunque difiera de la del otro. No nos impediremos ver ni oír lo que nuestra curiosidad nos pida. Tenemos derecho a desarrollar nuestros sentidos en la dirección que nos convenga.

En el terreno emocional, reconoceremos que no todos amamos de la misma manera. No nos someteremos a la tortura de queremos unir de un modo que no sea el nuestro. Nos amaremos como podamos amarnos, sin tratar de ser espejo, sin aspirar a una quimérica fusión, sin desear serlo todo el uno para el otro. No nos encerraremos en una relación exclusiva, sino que iremos agregando a nuestro cariño el cariño por nuestros hijos, por nuestros parientes, por nuestros amigos, por aquellos a los que admiramos, por la humanidad entera, por todos los seres inanimados o vivientes, por ese impensable llamado “Dios”. Reconoceremos que el amor no es la búsqueda de la igualdad sino de la diferencia complementaria. No seremos dueños ni propiedad el uno del otro, nos ataremos con nudos que siempre sabremos deshacer, nos ayudaremos a conservar en lo más profundo de nuestro ser un área privada, nos protegeremos mutuamente pero sin privarnos nunca de nuestra libertad. Compartiremos un espacio pero nos permitiremos también tener un territorio personal, con la promesa de no invadir nunca el del otro, respetando nuestra necesidad de soledad. Caminaremos juntos bendiciendo cada uno de nuestros pasos, pero si nuestros caminos se separan, lo aceptaremos deseando lo mejor para el otro su nueva vida.

Una relación sana no se construye sobre deseos de posesión. La mujer no pertenece al hombre, ni el hombre pertenece a la mujer. Ambos se unen en el amor y colaboran en una obra, material o espiritual.