Guest posting: “Esclavo de la canción” por Pablo Perez

Y uno escribe nomás, cuando la cabeza ya no puede retener más pensamientos y una mano con una simple birome sirve de conexión para transportar las ideas al papel.

Las palabras bajan sobre mi brazo, acompañadas de imágenes y recuerdos tan visibles que hasta las puedo ver llorar y reír. A veces con ellas puedo darme el lujo de escribir canciones. Así es cuando disfruto y me digo “estoy liberado!”

La primera impresión es esa: superé mis recuerdos, los pude olvidar, me pude desprender de ella, ya es parte de un pasado escrito en un papel. Pasado el tiempo esa canción se vuelve presente cada vez que la cito, es ahí donde me doy cuenta que no la superé y que en realidad estoy preso de sus estrofas, mis palabras, sus palabras.

La música es el último recuerdo imborrable que queda vivo de ese amor, de esa vida. Y ahora no solo mi mente y mis brazos están presos, sino que también toma mis oídos, y lo más increíble es que no quiero dejar de escribir y no puedo dejar de recordar.

 

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