Guest posting: “El amor según una adolescence desequilibrada” por Bani

Cuando lo vi por primera vez supe perfectamente que no fue amor lo que sentí. Fue algo más fuerte, algo a lo que todavía no le encuentro forma de explicar. Ninguna de mis palabras puede hacerle justicia a aquel sentimiento.

Al mirar a través del brillante e intenso líquido de sus ojos, me sentí desnuda. Completamente vulnerable, como si en ese instante el tiempo hubiera empezado a desfasarse.

Estaba tan desorientada que apenas pude percibir que un dolor profundo se escondía detrás de su inexpresión. Había algo raro, algo que ya había notado cuando recién nos habíamos conocido, hacía poco más de un año. ¡Si me hubiera dado cuenta antes! Si mis ganas de decirle lo que sentía hubieran sido tan solo un poco más fuertes que el dolor que me paralizaba.

Solo me limite a decirle cada cosa que pasaba por mi mente. Estaba horriblemente nerviosa y con el estomago completamente revuelto, como si recién hubiera bajado de un lugar muy alto, pero lo que sentía en su compañía volvía la situación placentera.

Todos los problemas parecían esfumarse, hacerse a un lado. Mi preocupación por su bienestar se anteponía ante todo. Quería protegerlo, alejarlo de todo lo que le hiciera mal. La idea de verlo sufrir debilitaba mi propia existencia. Bajo ninguna circunstancia quería dejarlo ir. Despertar de ese hermoso sueño sería mucho más doloroso que el mismo infierno al que regresaría. Sabía que se iría y en cuestión de segundos solo sería un hermoso recuerdo.

Entonces él acarició mi mejilla y en la inmensa oscuridad se encendió una tenue luz. Había olvidado cómo se sentía… Si, eso era felicidad. Energía corriendo por mis venas.

El fue capaz de recorrer cada fragmento de mi alma en una milésima de segundo.  El ya me conocía, ya sabía quién era yo. De repente me inundo cierta calidez y con una voz curiosamente picara me dijo:

-¿Qué te pasa Luz? Hoy estas oscura.

Fue entonces cuando puse ver con claridad y recordar: No siempre había sido así. No tenia porque estar destinada a ser infeliz, la única que me había condenado era yo misma, y por lo tanto solo yo podría cambiarlo. Él no se merecía tener a su lado alguien así. Era apenas una sombra, un ser hueco. No podría aguantar mucho tiempo más. Quería curarme. Acabar con todo eso. Estaba más convencida que nunca.

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La identidad real de la autora de este post, queda bajo el secreto profesional de los escritores anónimos amigos de Maria Antonieta. Por eso la autora hasta tanto este preparada a salir a la luz desea preservar por razones de seguridad su nombre bajo el seudónimo de “Bani”. 

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