¡Atrapada en Buenos Aires!!!

Jamás me podría haber imaginado, que iba a despertar una mañana y me daría cuenta de que estaba atrapada en mi ciudad favorita: Prisionera en Buenos Aires. Ella me tiene de rehén y no me deja escapar. Estamos enredadas en una relación de amor, posesión y celos. Relación totalmente enferma y dependiente.

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¿Como logramos llegar hasta este punto? ¡¿Si las dos nos amamos y proclamamos a los cuatro viento el amor libre?!!!! Ahora, ella no me deja disfrutar del aroma de otras ciudades, de los sabores de las comidas típicas de otros países… No puedo alejarme.

Lo dice sin palabras, pero con hechos: Si me voy, la voy a lastimar, al engañarla con otras ciudades del mundo. Ni siquiera me deja ir cerquita. A visitar a sus amigas; las otras ciudades de Argentina… Cancelo violentamente mi viaje a Salta. Larga y dramática historia por cierto. Yo estaba con la mochila preparada, los boletos listos y mis terribles ganas de lanzarme a la aventura de ir a dormir en un hostel, sin nada planificado más que disfrutar. Pero ¡NO!!! No pude irme.

¡Ya hace unos meses que esta super demandante!!! Se asocio con el destino y se dedico a boicotear cada uno de mis viajes. Cancelandolos, postergandolos, logrando que me quede con ella. Convenciendo a mis amistades, de que nadie quiera vacacionar conmigo… Me aleja de todos y encima me hace perder plata, tiempo y energía. Me estoy amargando y envejeciendo.

Nadie entiende mi angustia. ¡Es que yo la amo!!! Siempre estuve ena11038639_10152840679728719_2668743143064420873_nmorada de ella. Por más que viaje a una hermosa playa del Caribe… Sé que voy a volver. Ya que ella no tiene nada que envidiarle a ninguna ciudad del mundo. Pero no me deja ir. ¡Esta insegura y ya no la aguanto!

Tuvimos excelentes momentos. Pero estos cambios extremos de clima me afectan. De pronto es cálida y radiantes, pero al otro día es fría y oscura. No la entiendo. ¿Porque es tan bipolar? No soy la única que piensa así. Ninguno de los presentadores del clima la entiende.

Pero ella sigue y sigue ahogándome. El destino (su cómplice principal), intenta explicarme que debo quedarme. Porque algo va a pasar y por eso Buenos Aires no me deja ir. Me dice que me calme y espere. Pero para mi, el invento místico de las “causalidades” solo esconde, en este caso, un terrible caso de celos que ningún psicólogo puede solucionar.

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